¿Qué pasó con el humor negro que manchaba mis escritos? ¿Dónde están los adjetivos que adornaban mis ideas? ¿A dónde se fue mi prosa poética? ¿Es cierto que murió? ¿Lo hizo dignamente? Me llegó el rumor de que se suicidó porque se sentía poco valorada.
Me lo he negado a diario, varias veces por día incluso: "no fue mi culpa, se desperó". No quiero aceptar mi responsabilidad en el caso; no fui yo la causa.
Quiero creer que vive, que no puede salir del letargo en el que se encuentra, que mi silencio y la falta de inspiración la aturdieron, pero que con un poco de trabajo la convenceré en regresar.
¿Y si de verdad murió? ¿Qué me espera a mí? ¿Terminó a caso mi carrera –nunca empezada– de pseudo literata? ¿Y si se niega a volver? ¿La podré reemplazar? ¿Encontraré otra que encaje en la medida de mis gustos, mis locuras y mi humor?
Caminaban por Chapultepec en una noche templada, la avenida se iluminaba con las luces de los autos que pasaban enseguida del camellón; había mucha gente alrededor, la música de algún grupo alternativo se escuchaba de fondo y los puestos de libros usados, pinturas, fotografías, pulseras, colguijes, camisetas y mil cosas más esperaban pacientes por sus compradores.
Ellos caminaban tranquilamente con un cono de nieve en las manos.
– Esta es una noche perfecta sabes – le dijo ella.
– ¿Tú crees? – contestó él, – y ¿a qué se debe?
– Estoy en mi zona favorita de la ciudad, caminando de noche, acabamos de cenar riquísimo en el corredor gastronómico, y nos estamos comiendo la nieve de la cual teníamos días con antojo. Aparte, estoy con una persona muy agradable y mi persona favorita.
– ¿Ah sí? ¿y con quién estás? – le preguntó él con una sonrisa en la boca esperando escuchar su nombre enseguida.
Más tarde, después de recorrer los puestos y no comprar nada, se sentaron en una banca que sin explicación ni justificación está extrañamente colocada en una esquina. Una pareja tomada de la mano pasó frente a ellos: él vestido de pantalón y camisa sin mucho chiste, ella con un short muy corto, una blusa de tirantes y tacones –se notaba que moría de frío.
– ¿Para qué se tortura congelándose si ya trae al chavo de la mano? – dijo ella para amenizar su rato de ocio.
– Para mantenerlo querida, eso es algo que tú sigues sin entender – le contestó él con una amplia sonrisa cobrándose el comentario anterior.
– Lee entre líneas – respondió ella con indignación.
* Cortesía y dedicado para Bto, mi compañero de noche por Chapultepec.
Escribo sobre juicios, eso es claro. Sesgado por ellos aspiro – sin ser esto una contradicción – a que mi texto tenga universalidad (o lectores, por lo menos):
Sostengo que no podemos librarnos de ellos, son – de hecho – necesarios. No es contra ellos lo que escribo, sino a favor de su cuidadosa construcción.
Cuidadosa porque el peligro de no considerar la mayor parte de los factores nos lleva a lo que tenemos (o construimos) como mundo actual: Miseria (siendo breve).
Esa es la idea; que puede ser proyectada a cualquier ámbito: La guerra, la pobreza, la discriminación, la superficialidad, la saturación, la ignorancia, la cerrazón, la radicalización, la violencia, son en su mayoría, alimentadas por los juicios hechos sin cuidado.
Tampoco aspiro a la pasividad o inactividad que generaría la falta de juicios (aunque la pasividad es mejor que todo problema antes mencionado. En este punto, la pasividad significa – al igual que no ir a votar – regalar tu voluntad a la mayoría, dicha mayoría es la que forma los juicios que critico). Sólo aspiro a la constante aceptación de que no tenemos la verdad absoluta, o que ésta (si creemos tenerla) puede no serlo.
Vuelvo a citar a José Enrique Rodó, quien expresa mejor que yo esta idea:
“Todo problema propuesto al pensamiento humano por la Duda; toda sincera reconvención que sobre Dios o la Naturaleza se fulmine, del seno del desaliento y el dolor, tienen derecho a que les dejemos llegar a nuestra conciencia y a que los afrontemos. Nuestra fuerza de corazón ha de probarse aceptando el reto de la Esfinge, y no esquivando su interrogación formidable”.
… “Ultimately there might not be any solid grounds, or ultimate source of appeal, on which to establish the “rightness” or “wrongness” of particular value systems, beliefs, or world views”…
… que se desespera por la lastimosa ceguera ante la pequeñez de quienes actúan en función de entenderse como algo lejos de lo que en realidad son.
...que se cansa de escuchar mientras adjudica a ellos mismos – sin decirlo – el infortunio de quienes se quejan de su condición.
… que en verdad prefiere que algunas personas de su mundo NO existieran.
… que desconfía de la existencia de ideas esperanzadoras, la buena voluntad, la buena fe, Dios, el amor…
… que le enferman los éxitos supérfluos, pasajeros. Pero tan apreciados, admirados, buscados, recordados y definidos por la gran mayoría.
… que no propone, sólo critica ante la imposibilidad tener una idea y "camino de vida" a seguir como todos los demás que luchan y trabajan por conseguirlo.